El artículo destaca cómo las start-ups deep tech (basadas en avances científicos y tecnológicos) están ganando relevancia por su potencial transformador, aunque enfrentan ciclos largos de desarrollo y dificultades de financiación. En España existe talento técnico y científico, pero el reto está en que los inversores comprendan el tiempo y riesgo asociados a este tipo de proyectos. Aun así, estas empresas pueden impulsar una innovación profunda en sectores industriales y abrir oportunidades estratégicas a largo plazo.
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